El macizo de Ogoño se alza frente al mar cantábrico, con una mirada melancólica a sus orígenes. Es este enclave uno de los rincones más bellos de nuestra costa. Al resguardo de este gran peñón, a un lado y al otro, se encuentran la playa de Laga y el puerto de Elantxobe. Por su altura, perpendicularidad y ubicación, es el cabo de Ogoño una verdadera atalaya, desde donde los pescadores de Elantxobe vigilaban la pesca, la meteorología…
Este sendero nos ofrece la posibilidad de acceder a la atalaya de este emblemático peñón. Parte junto a la iglesia de San Andrés, conocida como la Capilla Sixtina del Arte Vasco gracias a la extraordinaria bóveda de madera tallada y policromada que esconde en su interior.
Pronto dejamos atrás el casco urbano para caminar entre pastos, pequeños bosquetes y caseríos; y sin darnos cuenta alcanzamos el barrio de Bermokiz, en la zona alta de Etantxobe.
Entre Bermokiz y Mendia el sendero nos brinda unas espléndidas vistas hacia Lekeitio, para posteriormente adentrarse en la zona boscosa, en dirección a Ogoño. La cima y la atalaya de Ogoño se encuentran rodeadas de un manto impenetrable de encinas, madroños, zarzaparrillas… Pero las vistas se despejan en las zonas altas y nos sorprenden bellas panorámicas de Urdaibai.
Tras un merecido descanso descendemos nuevamente a Ibarrangelu o Elantxobe, para seguir disfrutando del paisaje.
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