El inicio de la contemporaneidad no conllevó la vertebración territorial de Euskal Herria. La zona vasca continental quedó inserta en los dominios del estado centralista napoleónico y en el primer tercio de siglo vivió a tenor de la dinámica política francesa, las convulsiones revolucionarias, liberal en 1830 y democrática en 1848. Los vascos peninsulares tras una cruenta guerra civil, además del saldo de destrucciones materiales y de vidas humanas, endeudamiento, represión, deportación y exilio, fueron testigos del desbaratamiento de los sistemas forales y de la gestión de sus restos por sectores liberales nativos, en el marco del emergente Estado liberal español.