Del siglo XVI, la iglesia de San Andrés sustituye a otra iglesia medieval más antigua desaparecida. Desde el exterior se observa imponente una torre de 1922 rematada por una escultura del Sagrado Corazón de Jesús, pero es lo que se encuentra en su interior lo que hace este templo único en su género: su extraordinaria bóveda interior. Al entrar, la mirada se dirige inevitablemente hacia arriba: una techumbre de madera policromada, articulada mediante arcos, claves y nervaduras de madera que configuran quince bóvedas estrelladas.
Estas bóvedas reproducen complicados diseños de nervaduras tardogóticas de piedra que estaban de moda en las mejores iglesias y catedrales del reino a principios del siglo XVI. Se trata de una replica realizada por expertos que conocían la arquitectura de su tiempo pero que buscaban e satisfacer al gusto más exigente de su época con materiales de bajo costo y accesible en su entorno, como la madera de de roble. Estas bóvedas solo eran habituales en los Países Bajos y en el norte de Francia, lo que indica la estrecha relación de los vascos con estas regiones. Su construcción también está estrechamente ligada con la mar, ya que para su su construcción se destino la lengua de la ballena.
